Review from Hamburg

Hace poco más de un mes recibí un mail con el subject: Review from Hamburg. ¿Qué significaba? Pues que mi revista estaba bajo la lupa de los dueños (expertos en hacer revistas desde hace 50 años) y que a continuación me enlistaban todos los errores que había cometido en esa edición. Fueron muchos, y lo fueron porque tienen el don de ver cada mínimo detalle. La verdad, sí sentí actividad intestinal conforme avanzaba en mi lectura. Cada dos tres puntos decía: no maaaa. Pero por ahí de la quinta lectura y una vez que había pasado mi ardidez, entendí a qué se referían en cada cosa. Desde ese momento mi obsesión por los detalles, por encontrarle sentido a todas y cada una de las cosas que aparecen en las páginas se ha vuelto insoportable. 

La vida sin tiroides. Parte 1.

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Empezaré este relato remontándome a mi temprana infancia. Nunca fui una niña esquelética, mi cuerpo era como el de Little Miss Sunshine, pancita y cachete en abundancia. Pero siempre hice ejercicio, natación, ballet, jazz, danzas regionales y cuánta cosa de baile se atravesara. Y cuando estaba sola en mi cuarto, bailaba. Total que el movimiento y la actividad física eran parte de mi vida. Pero también lo eran los postres, panecitos, Gansitos, Carlos V y en algún momento de mi vida me volví adicta al jamón, así, solo, en rollitos, recién rebanado, mmm. Soy de esas personas, desde niña, que en una sentada son capaces de comer como Phelps pero al entrar a la pubertad, por cuestiones de logística, no hubo quien me llevara al deportivo y seguí comiendo como acostumbraba y terminé viviendo una pubertad con sobrepeso. Nunca he sido obesa ni se me ha desparramado nada, pero siempre he estado por arriba de mi peso promedio (no vamos a precisar datos, ¿qué necesidad?). Entonces siempre he vivido con la idea de que tengo que bajar unos kilos, misión que he arrastrado sin concluir desde los 10 años. Y a cuento de esa misión de vida (fail) van estos relatos de traumas, de logros y de antojos.

En el próximo capítulo: la primera dieta.

El momento más emotivo de mi semana mágica

Entre mis tuits, fotos, check ins y demás es fácil deducir que pasé una semana en el mágico mundo de Disney. Y vaya que es mágico. Más allá de la repleta agenda que nos prepararon a algunos representantes de medios de todo el mundo, esa semana fue una montaña rusa de emociones. Desde revivir esos recuerdos mágicos de la infancia donde lloré por primera vez con una película viendo Bambi, o ver Mary Poppins cinco veces en el mismo fin de semana o la primera vez que pisé Disneylandia como premio a mis buenas calificaciones. En fin, recuerdos y emociones provocados por Disney fueron revividos en esta semana. Derramaba una que otra lagrimilla o sentía escalofríos al escuchar Small World en el piano tocado por su compositor, pero el momento donde más de uno casi berreamos fue cuando John Lasseter (director creativo de Disney Animation) recibió el reconocimiento Disney Legend en nombre de Steve Jobs (a partir del minuto 6). Tan pronto empezó a hablar, empezó a llorar. Y junto con él todos.   

Y una foto del bando latino completo y Walt Disney

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Your work is going to fill a large part of your life, and the only way to be truly satisfied is to do what you believe is great work. And the only way to do great work is to love what you do. If you haven’t found it yet, keep looking. Don’t settle. As with all matters of the heart, you’ll know when you find it. And, like any great relationship, it just gets better and better as the years roll on. So keep looking until you find it. Don’t settle.

Steve Jobs.

Juego de las sillas

Un día haré que todos cambien sus funciones. Solo por un día. El fotógrafo, recortará fotos. El de preprensa, buscará fotos. El de foto, diseñará. El diseñador escribirá. El redactor editará. Y yo me iré de vacaciones.