Cuando el día parece gris, cuando está lleno de momentos estresantes, cuando el chico que te gusta rechaza tu ‘friend request’, cuando tu doctor te dice que si quieres evitar la diabetes prematura debes perder 12 kilos… llega una amiga y te enseña páginas como esta. Entonces, vuelves a reír.
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Gritonas y alteradas
Ya sé que he dicho millones de veces y creo que ya tienen bastante claro, distinguidos lectores (sí, lo millooones que son) de mis eclécticos gustos musicales. Esta vez, quiero rendir un homenaje a ellas, las que me han hecho superar decepciones amorosas, laborales y existenciales. A ellas, a las que catalogo como mujeres alteradas y muy, muy gritonas. A mi gusto, la mamá de todas es Billie Holiday, a poco no la oyen y suena a que de verdad sufre, más que uno, y entonces resulta confortante saber que siempre hay alguien por ahí más atormentado. Luego está mi adorada Doris Duke, cuyo disco I’m a Loser es de los más tocados de mi iPod. Y bueno, no olvidar a mi amadisísima Amy Winehouse cuyos escándalos y adicciones me tienen sin cuidado. Para mí, Back to Black se ha vuelto como un lugar de desahogo y el DVD I Told You I Was Trouble: Amy Winehouse Live From London se ha vuelto un espacio de relajación y catarsis como ningún otro. Para qué pago psicólogo si tengo a mis gritonas y alteradas, digo yo.
Lo bien hecho…
Creo firmemente en la teoría de qué quien hace bien su trabajo hace que lo difícil parezca fácil. Es como cuando al ver a Federer uno cree que hacer un saque rapídisimo y preciso es regalado y en realidad al intentarlo no paso de la red (ja! ya balconié mi ineptitud tenística BTW). Bueno el punto es que lo mismo le sucede a mi revista. A simple vista, y quien no se dedica al mundo editorial, puede juzgarla como simplona, naca y vacía (de hecho hay colegas que así la definen), pero en realidad detrás lleva un gran trabajo, estrategias, investigación de marcado
Mazapanes

Como que nunca he entendido el goce estético de los hombres por las piernas femeninas. Es que no les encuentro la belleza por ningún lado. La verdad es que jamás he sido capaz de reconocer unas piernas bonitas de otras que no lo sean tanto. Es más no sé qué constituye a una pierna estéticamente atractiva. Para mí todas son iguales, todas tienen rodillas, pantorrillas, muslos, si acaso algunas son más gordas que otras, pero eso qué. He tratado de fijarme cuando alguien piropea otras piernas para ver en qué consiste pero al final llego a lo mismo, a todas las veo iguales, como un par de mazapanes.
Una vieja costumbre
Con un amigo que se fue a vivir más allá de la frontera, teníamos una costumbre. Cada semana, nos mandábamos por mail «la rolita de la semana». Correspondía a aquella que mejor definiera tu estado de ánimo o simplemente la que trajeras pegada. Estaba padre, pero ya no lo hacemos. El caso es que si siguiéramos, esta semana le mandaría esta:
Uff… totally me.
Claúsula de amistad
Las que son mis amigas desde hace como 10 años (¿o más?) tienen una claúsula que me parece bastante sensata: Hasta que no haya una roca en el dedo anular izquierdo el novio o quever en cuestión posa en las fotos siempre a las orillas. Así no nos arruinan la composición y si en el futuro ya no están más en nuestras vidas podamos eliminarlos hasta de la foto. Hace poco encontraron una y dijeron ¿Quién es la más habilidosa con el photoshop? Al unísono se escuchó: ¡Lucy! Tons me mandaron la foto para que la «tuneara» pero con la falta de tiempo y práctica en el photoshop esto fue lo que pude lograr (¡me van a matar!) 
Y si hubiera…
Ahora en el umbral de los 30, se pone una a recordar ciertos pasajes de la vida que primero me dibujan una sonrisa y luego… me ponen a pensar y si hubiera… Hoy recordé mi primer graan borrachera. Sí, seguro todos tenemos alguna hazaña similar que narrar. La mía es muy fresa y ñoña (como yo): fue en Valle de Bravo en un antro -goeeeiii- que se llamaba La Pachanga. La denomino la primer grande, porque fue la primera vez que osé besar a un desconocido que ni siquiera se molestó en tomar mi teléfono. Tampoco es que yo quisiera dárselo porque dije: que tal que cuando se me baje me doy cuenta de que no me gusta nadaaaa y que además ¡es refresaaaa! El lunes siguiente, yo aún recordaba con una sonrisa traviesa lo que habia hecho el fin de semana. Llegué a la benémerita institución donde estudiaba y cuál es mi sorpresa que el susodicho estudiaba en el mismo edificio que yo ¡y en el mismo horario! No el mismo grupo ni nada, pero a partir de ese día me lo seguí encontrando diario hasta el día de mi examen profesional. Ahora pienso: y si en vez de esconderme cada vez que lo veía en el pasillo, ¿lo hubiera saludado? ¿Me habría convertido en su amiga, o quizás algo más… ¿y hoy sería la Sra. Legorretaaaaa? ¿Iría a eventos caritativos, al gym y a recoger a mis hijos en mi SUV a su escuela???? Pequeños momentos construyen grandes destinos…
Grande vainilla sugar free light latte
¡Oh, sí! Esa es la letanía que repito en cada Starbucks. A veces, cuando hace mucho calor, lo cambio por un Grande cafe frapuccino light. Pero bueno, el punto es, que tal personalización de una simple bebida, como lo es un café para despertar de buen humor en un lunes, es sólo una señal, de lo exquisitos que nos hemos vuelto. En todo. Desde el yogurt o el champú que usamos diario, le hemos ido agregando características o requerimientos a cada cosa que nos gusta o que buscamos. El colmo, es que a pesar de lo humanamente imposible que parezca ¡lo terminamos encontrando! Luego por eso uno cree que su “hot-music-dancer-foreign-athletic-weatlhy-but-cool-man” es algo posible que y que tarde o temprano aparecerá sin hacer demasiado esfuerzo. Estaba recordando, que hace un año leí un libro que justo describe ese fenómeno, tratando de explicar por qué enamorarnos o la búsqueda del alma gemela se ha vuelto una tarea tan titánica. Básicamente es porque pedimos imposibles o bien cosas que realmente no queremos. Por ejemplo, el tipo que busca una chica independiente, pero a los dos años de andar con ella se queja de que es demasiado distante, fría o indiferente. (Ten cuidado con lo que pides…). Hoy alguien dijo que la culpa de que suframos por amor, o que terminemos diciendo que el amor apesta, no es culpa del amor en sí o del otro, sino de (turu-turu) NOSOTROS. Sí, nosotros los que simplemente, tiramos nuestros dardos hacia la diana equivocada. Como el caso anterior, dispara su flecha hacia la chica independiente, cuando en realidad sería feliz con una hogareña dispuesta a escucharlo cuando regresa de la oficina. O a aquella que buscaba un profesionista que admirar y tiempo después se queja de que siempre antepone su carrera. Y tantos y tantos ejemplos. Lo curioso es que al final, mi conclusión fue: he estado tirando mis dardos hacia la diana equivocada, y no porque me guste un patán del que más de uno me ha dicho que no me conviene, sino porque en realidad, de quien debo enamorarme primero y quien primero debe gustarme, SOY YO. Y eso que soy lo suficientemente egocéntrica, uf que si no…
El dancing de tan célebre acontecimiento
Vean, rían y comenten!
Electricity…
Todo es culpa del encierro: me pongo a oir música y me entra lo cursi. Estaba recordando lo bien que la pasé el sábado. ¿La razón? Pues que bailé y bailé. Es que yo, como Billy Elliot, cuando bailo siento como si todo a mi alrededor desapareciera. Como si me sumergiera en una burbuja donde nadie me ve y donde mi verdadero yo, el vulnerable, pudiera salir y expresarse. Lo curioso es que seguramente eso lo sienten muchos al escribir, pintar, o crear alguna obra artística. A mí nada de esos talentos se me dieron, canto mal, no toco ni la puerta, pero eso sí, pónganme un beat, el que sea, y saco un pasito. De niña, como muchas, iba al ballet, al jazz, una que otra vez al hawaiano (pero la neta ese baile me daba risa y no me la creía) al baile regional (sí, se bailar el Tico tico y el Son de la negra entre otros) pero las clases no superaron mi odiosa etapa de la pubertad. Fue ahí cuando descubrí las cumbias y las fiestas y que encima de todo, el baile puede ser divertido (!!!). Luego pasé por una etapa en donde me daba pena hacerlo en público porque llamaba demasiado la atención y qué oso ponerme a ligar (aunque usted no lo crea) y ahora la verdad es que he caido en un estado en el que me da igual si media fiesta me critica. Yo me divierto y siento esa electricidad fluir por mi cuerpo. (eh eh eh)
Soundtrack: Electricity de Elton John.
