Como ya es bien conocido, dirijo una revista de ídolos de esas que sieeempre son menospreciadas por los rockstars, por sus managers y por uno que otro intelectual-clavado-de-hueva. Sus principales críticas es porque son superficiales, porque les preguntamos a los artistas por su colores favoritos o lo que les gusta de comer. Curiosamente muchos de quienes critican, leen o pretenden salir en revistas como Clash, Blender y demás. Hoy estuve leyendo la revista Clash, y uno de sus artículos era: las 12 cosas que no sabías de Radiohead y resulta que varias de esas ya las sabía. Entonces pensé, es el mismo tema que yo haría en mi revista. Al final, todos somos fans y los editores vendemos ídolos, creo yo.
Y finalmente…

A esto fui a Madrid. A una reunión con todos mis coleagues editores de Bravo en Europa. Fue chistoso exponer el mercado mexicano ante rumanos, checos, serbios, polacos, alemanes, etc. Al final la experiencia agotadora pero buena. Lo que máaas me gustó es la frase que a diario repito en mi mente al empezar el dia… KILL THE COMPETITOR.
Algunas fotillos que yo no tomé, pero que me gustan 🙂
¡Ay la crisis!
Yo la verdad es que de Economics no entiendo nada y con esto de la crisis lo único que sé es…
1. Que tengo que pagarle lo que le debo a American Estrés o me tendrán entre sus garras el resto de mi vida.
2. Que debo dejar de entrar a amazon y salir con algo en mi carrito.
3. Que mientras más lana vaya dejando en mi cuenta menos sufriré en el futuro.
4. Que NO es el momento de pensar en un coche nuevo (entiende Lucia por Dios!).
5. Que graaacias a la globalización ya no hay quien se salve, si cae una bolsa caen todas, así que no importa que mi employeer sea europeo, igual la crisis se los anda atorandoooo.
Mi decálogo (para las relaciones románticas, afectivas, queveres y demás)
1. Nada de “mi amor, mi cielo, mi vida”. Las palabras cursis me dan alergia, urticaria, choque anafiláctico, hiperventilación.
2. En cuanto siento que no recibo la atención o el tiempo que me merezco, me ofendo.
3. Tengo delirios de DJ, así que yo controlo la música del coche y de vez en cuando el control de la tele. Sólo cuando House MD., Lost o Grey’s Anatomy estén en la pantalla.
4. No es mi culpa que el celular se pierda en el abismo de mi bolsa. Eso sí, cuando yo llamo quiero que me contesten pronto y si se puede con algún piropo mejor… ¡buena actitud siempre!
5. Necesito tener azúcar a la mano ¡siempre!
6. Ir al cine es parte de la canasta básica.
7. Las flores, las serenetas y cualquier tipo de sorpresita que incluyan a algún tipo de público ¡no las soporto!
8. En el cine y durante conciertos silencio total odio los parlanchines. De hecho odio a los parlanchines.
9. Habilidades dancisticas requeridas
10. Total entendimiento y comprensión del sarcasmo y la ironía
Duda ¡resuelta!
Este fin termine de leer The Bitter Is the New Black, escrito por una chava bloggera de Chicago: www.jennsylvania.com. Y entre altas dosis de sarcasmo y egocentrismo (o sea toda mi onda), aparecieron unos párrafos que describen perfecto mi posición acerca del matrimonio y los compromisos a largo plazo. Me encantó la forma en la que está escrito y por eso lo pongo en mi blog, por que es de esas cosas que una piensa: «lo pude haber escrito yo» jajaja y eso me da el derecho de postearlo en mi blog.
«Ah, the old if-ain’t-broke-should-I-still-try-to-fix-it question… I know it well. First off, I don’t agree with your mom. The milk-for-free stuff was relevant to her generation, but no longer to ours, considering gratis milk abounds. One simply needs to go to a bar around closing time-it’s a veritable dairy aisle out there.
I also don’t agree with the experts who say you shouldn’t live together first. Their theory is that this is less of a commitment, and copules that live together are more likely to break up. Um, yes, and I think that’s a good thing. Better to have one skirmish over who gets the toaster upon move-out then to fight the custody of your children every weekend for the next fourteen years.
As I’m a fan on interpreting Judeo-Christian ethics to my own benefit, I think it’s a much bigger “sin” to marry and divorce on a whim than to just give it a trial run by cohabitating. (I made this determination while living with my own boyfriend for almost seven years, BTW.) More copules divorve over non-dramatic issues like money and communication, rather than affairs and abuse. Living together is an excellent proving ground where you can work this stuff out without worrying about having to return everyone’s wedding presents if you can’t.
I’m slightly concerned about your age (25) and your need for more commitment. If you are presently worried about your boyfriend’s level of involvement, then marriage isn’t going to give you any guarantees. Conversely, please don’t let the fact that he hasn’t asked you yet cast aspersions on the depth of his feelings for you. Maybe he’s waiting to be more established in his career, or perhaps he’s not financially ready to make the commitment. Althought it’s not the answer you want to hear, my best advice is to give this more time.
Does this mean that I sat by patienly for seven years, waiting for my boyfriend to pop the question after proving that we were compatible? No. I badgered him relentlessly for the first few years. You see, I desperately wanted a bid Michigan Avenue wedding with the Vera Wang dress and the Tiffany princess-cut rock and your choice of prime rib or lobster tails. And I wanted it all to apeen before I was 30, as that seemed like the old maid cut off date. When we got married last year, we chose a simple ceremony in Vegas.
Turns out that the big production stopped being important to me; just being married was enough. What’s interesting is that after living together for so long, nothing seems that different now, except the addition of rings and a license to harass single people.
Bottom line? It’s far better to let the commitment apeen naturally than to force it simply because someone else says you should. If you’re truly compatible, then when the time is right, everything will fall into place.»
Suban sus cosas y pongan su pasaporte entre su ropa
Un sábado cualquiera, a eso de las dos de la tarde llegué al aeropuerto Benito Juárez, terminal 2 (que por cierto me hace sentir como en Houston, así toda moderna) dispuesta a documentarme con tranquilidad para mi vuelo de 11 horas con destino a Madrid, en clase turista (obvio, tiempos de crisis) mientras que mi jefe se iba en business… En fin, llego al mostrador y la amable señorita me informa que mi tan esperado vuelo estaba demorado 2 horas, así que saldría hasta las 8 de la noche. En vista de las 6 horas libres que tenía, documenté las maletas y me fui a comer unos deliciosos chiles en nogada.
A eso de las 7, estaba de vuelta en el aeropuerto, me encontré a mi jefe, fuimos hacia la sala y empezamos a percatarnos del caos que era: vuelo sobrevendido, más de 3 bebés a bordo, niños, gente con «equipaje de mano» que evidentemente supera las medidas aceptadas. Y por si no fuera poco, vi que me habían dado ventanilla que es lo mismo que: ataque de claustrofobia seguro. Todas esas agravantes me orillaron a consumir un fármaco inducidor de sueño.
Cuando finalmente abordamos el avión, una hora más tarde lo que habían dicho, estaba lista para caer cual KO, de hecho lo hice, me quedé tan dormida que al momento del despegue solo sentí una vibración que me hizo pensar que habíamos pasado por una enorme y violenta bolsa de aire. (una viajera consumada como yo no se asusta con pequeñas vibraciones).
A la hora de vuelo, el piloto toma la palabra (oh no! será de esos pilotos platicadores que te hacen ir viendo el paisaje, who cares!) pero nos sorprende a todos con el siguiente diálogo:
«Como lo habrán percibido, al momento del despegue se sintió una vibración que se debió a una ponchadura en el tren de aterrizaje, lo cual quizá dañó la estructura del mismo. Nos estamos comunicando con la torre de control para que nos indiquen qué procede».
Veinte minutos después, el piloto vuelve a tomar la palabra (por cierto, pobres de los no hispanohablantes por que las traducciones eran pésimas) y dijo: La torre de control nos indica regresar (jaja, seguro los españoles dijeron ni maiz no queremos aviones descompuentos aterrizando en nuestras ultra seguras pistas jiji) así que daremos unas cuantas vueltas por los cerros de Pachuca para tirar combustible porque no podemos aterrizar con el mismo peso con el que despegamos. Sigan las instrucciones de los sobrecargos y esta vez SI es MUY MUY importante que apaguen TODOS los aparatos electrónicos, que guarden todo en los compartimentos superiores y que se ajusten muy bien su cinturón de seguridad. (osh!).
Los sobrecargos empezaron a circular por los pasillos con caras de tranquilidad y una palidez que me hizo pensar: teeeeengo miedo.
Nos hicieron meter todo en los compartimentos, incluyendo las revistas.
Siguente aviso por altavoz:
Retiren todo lo que se pueda clavar: aretes, anillos, pulseras, relojes, anteojos… guarden sus bolsos en los compartimentos y conserven el pasaporte entre su ropa.
Minutos más tarde los flight attendants nos explicaron cómo debíamos colocarnos para la posición de aterrizaje.
Siguiente aviso: Sres. pasajeros les pedimos que ubiquen muy bien cual es la salida de emergencia más cercana (fffuuuuck! estoy en medio, no tengo salida más cercana, cualquiera que sea seré la última de la fucking fila!) y que, cuando escuchen la palabra «impacto» se pongan en la posición que las sobrecargos les indicaron. No se preocupen, estamos en las mejores manos.
(auch!)
Minutos más tarde: Sres. pasajeros hemos iniciado las labores de aterrizaje.
El avión se empezó a mover más de lo normal y yo no espere a oir impacto para sentir el trancazo y entonces acomodarme. Metí mi cabecita entre mis rodillas (graaaacias yoga!) y recé… oh si lo hice. En eso el avión bajó rapidísimo, primero tocó el piso con las llantas traseras, frenó intempestivamente y luego bajó «la nariz».
Un minuto de aplausos al piloto!!!!! (ora sí aplaudí, mis códigos de naquez cuando se está al borde de la muerte pierden sentido).
Siguiente aviso: están revisando el estado del tren de aterrizaje, si está en condiciones saldremos en 60 minutos.
20 minutos después: Nos han informado que definitivamente el avión no se encuentra en condiciones de salir (ja que gente taaan perceptiva!), por lo que les pedimos esperen en la sala las futuras indicaciones.
Al bajar del avión me di cuenta que la pista estaba llena de bomberos, ambulancias… ¡qué recibimiento tan triunfal!
Los técnicos rodeando el tren de aterrizaje, sin llanta…
En fin… dos horas después logré salir del aeropuerto con un nuevo boleto para irme en primera clase dos días después… Si mucho lujo, pero ¿y el susto qué?
Por un momento sí pensé… podrían ser estos minutos los últimos de mi vida, no sé si esta cosa va a explotar, si me va a caer algo de los compartimentos (como en Lost) o si me vaya a lastimar… pero sea como sea, si ese hubiese sido el último día estoy 100% de que me habría ido tranquila y eso ¡no tiene precio!
Una lágrima OUT
Hay canciones que me sacan una lágrima desde sus primeras notas, como The Greatest by Cat Power y hoy fue esta:
Me urge
Cortarme el pelo
Pintarme el pelo
Ir al gimnasio
Terminar por fin de pasar mi música al ipod
Un librero en la oficina
Terminar mi suéter
Terminar el libro
Bajar de peso lo suficiente para que me cambien la dieta
¡ay cuanto estrés!
a mis espaldas
Amiga falsa 1: ¡Qué crees, me voy a mudar con Lucy!
Amigo falso 2: Uff, vaya!!! ¿Cómo es posible que la editora de PT siga durmiendo en una litera?



